29 Jun No hay comentarios ResMedia Sin categoría

Con la entrada del verano y el buen tiempo empieza a apetecer hacer un poco más de vida al aire libre, pasear, ir al parque, tomar algo en alguna terraza, incluso ya podemos ir pensando en las vacaciones… En las horas en las que el sol nos empieza a dar un respiro o ya cenados en algún sitio agradable y acogedor que hayamos elegido, es cuando nos parece que el reloj mete una marcha más y empezamos a perder la noción del tiempo. Son momentos felices en los que nada más allá de la conversación que estemos teniendo con nuestra pareja o nuestros amigos importa.

 Pero… ¿hay algo alguna consecuencia en este escenario? Pues muchos de vosotros estaréis pensando que sí. Para conocer la realidad de esta situación tenemos que hablar de la otra cara de la moneda, ¿cómo viven esta situación los vecinos que habitan en los pisos superiores o de alrededor de estos locales?, ¿cómo viven los dueños hosteleros esta situación?, ¿cómo influye en la comunidad del barrio?

Estas tres preguntas son el eje fundamental en convivencia de una comunidad que tiene una necesidad básica: vivir en paz y armonía.descanso, malestar, terraza, bares, mediación.

El punto de vista de los vecinos

En muchas ocasiones, tener un bar o pub en la parte inferior de tu vivienda más que una ventaja puede ser un inconveniente. No poder dormir se convierte en el principal problema para los miembros de la comunidad. No descansar correctamente influye de manera directa en nuestra vida cotidiana perjudicando nuestro bienestar, haciendo que estemos de mal humor gran parte del tiempo además de estar más cansados. Además el espacio del que disponen los locales para su terraza a veces complica el acceso a la vivienda o el transito.

Por otra parte, la limpieza también es un factor muy importante. Muchas veces nos encontramos el suelo lleno de basura y sobre todo de colillas provocando un aspecto muy desagradable en nuestra calle. Esto también hace que nos afecte de manera negativa tanto para la salud como nuestro estado mental.

¿Qué sucede con todo esto? Empezamos a quejarnos al dueño del bar, “no puede ser posible que la música esté tan alta”, “es imposible que el establecimiento esté insonorizado porque el sonido traspasa las paredes”, “por favor barre la acera de tu terraza”, “se cuidadoso a la hora de recoger para no interrumpir el descanso de los vecinos”, “controla los gritos de la gente que es una hora más que innecesaria para estar gritando”… y en la mayoría de los casos acabamos llamando a la policía y demandando al dueño del local para que la semana siguiente volvamos a vivir la misma historia.

El punto de vista de los hosteleros

Desde el punto de vista del hostelero se vive una situación totalmente distinta. Además de los problemas a los que se enfrenta una persona que dirige este tipo de negocios se encuentran con la dificultad añadida de ser autónomo. Esto hace que su labor sea doblemente arriesgada ya que ser autónomo hoy en día es algo verdaderamente estresante. A todo esto debemos añadir que se disponga del abastecimiento necesario en todo momento, que el reparto llegue debidamente, disponer de todas las licencias (de apertura, de terraza, de música…) que son extremadamente costosas, el mobiliario, la climatización, la insonorización, los seguros sociales, etc.

Centrándonos en el trabajo que realiza, un hostelero tiene que dedicar todo su esfuerzo y su dinero a su negocio para que esté en perfectas condiciones y que la comodidad y la satisfacción de los clientes sea la mayor posible. Este profesional puede controlar lo que sucede dentro de su establecimiento pero le resulta muy difícil poner límites a sus clientes una vez se encuentren en la calle, tampoco tienen control sobre la venta ambulante de alcohol que ensucia más el barrio y crea mucho ruido en las calles.

Además de estar luchando contra viento y marea por la supervivencia, se encuentran con una situación más difícil todavía, el enfrentamiento con uno o varios vecinos que dicen que deben controlar a la gente que va al local y por mucho que intentan satisfacer sus necesidades nunca encuentran la forma de contentarles.

¿Qué sucede con todo esto? Llega la policía, llegan las denuncias, se controla en todo momento los tiempos de apertura y cierre, insultos, amenazas, desperfectos… Cuando tú lo único que quieres es vivir en paz en tu barrio o que te dejen llevar tu local.

Cómo afecta esta situación

Como desenlace final, se genera una convivencia indeseada con intereses enfrentados y demandas interpuestas. Unos porque tienen la necesidad de que se cumplan unos horarios y que se respeten las calles y otros porque se sienten atosigados por la presión de los vecinos y la necesidad de continuar con el negocio. Es importante conocer qué consecuencias tiene atajar estos aspectos desde un enfoque judicial. Desgraciadamente, demandarse bilateralmente produce en un primer lugar un gran aumento del tiempo que transcurre para que un juez valore el caso y dicte la sentencia oportuna. Para esta acción pueden pasar meses e incluso años. En segundo lugar el coste que supone contratar los servicios de un abogado que nos represente legalmente, el pago de las tasas y la provisión de fondos. Otra de las consecuencias de no entenderse en estos conflictos provoca que el lugar donde se sitúa el negocio se acaba convirtiendo en una zona de tránsito continuo de locales que no duran mucho con vecinos disgustados que no consiguen la armonía y el bienestar que necesitan para vivir de forma tranquila.

Nosotros proponemos una vía de comunicación que permita tanto a los vecinos como a los hosteleros entenderse desde la educación y el diálogo. Ya hemos hablado en muchas ocasiones de los beneficios de la mediación, pero con respecto a este tema cabe destacar algo muy importante, proponer una mesa donde poder entender y resolver los conflictos tan pronto como se produzcan, sin demandas judiciales, sin que se prologuen en el tiempo… De esta forma se consigue que tanto el profesional como los vecinos acuerden unas normas de convivencia más allá de lo que dicta la ley, ajustadas a sus necesidades y beneficiándose ambos de los acuerdos alcanzados. Así se alcanzaría el escenario tan deseado por parte de todos los miembros de la comunidad.