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¿se puede integrar la mediación a la sordera?

Normalmente cuando hablamos de conflictos lo primero que se nos viene a la cabeza es a dos personas discutiendo por algún asunto. Da igual el ámbito en el que nos movamos, imaginamos a dos o varias personas gritándose, tratando de que le den la razón, echar en cara todo lo negativos y de alguna manera conseguir “ganar” al otro. A lo largo de nuestro blog podemos encontrar muchos artículos que tratan sobre la mediación y sus beneficios, en qué consiste el proceso, cómo se aplica y otros ámbitos de resolución de conflictos. Hoy nos gustaría centrarnos en un tema que tiene mucha importancia en nuestra sociedad y desde luego en nuestro blog también queremos dedicarle un espacio.

Cuando hablamos de discapacidad debemos tener en cuenta que existen 4 tipos: discapacidad física, discapacidad psicosocial, discapacidad cognitiva y discapacidad sensorial.

 En este artículo queremos centrarnos en un tipo de discapacidad sensorial, más concretamente la sordera.

 Cuando hablamos de personas sordas, hablamos de personas que se enfrentan a muchas barreras en su vida cotidiana. Este colectivo tiene que afrontar una comunicación con una dificultad añadida cuando se trata de hablar con un oyente. En este sentido es complicado llegar a un entendimiento cuando el código de la comunicación es diferente tanto para uno como para otro. En su vida cotidiana se dan situaciones tan habituales como hacer la compra, encontrarse con un vecino, o ir al banco, que pueden convertirse en momentos difíciles para mantener un canal fluido de comunicación. Por este motivo, suelen recurrir a algún familiar o amigo que les ayuden en la interpretación del lenguaje. Si trasladamos esta idea a una situación de conflicto, las posiciones de partida a la hora de solucionar el problema estarán más distantes.

 La figura del intérprete entre una persona sorda y una oyente es esencial, y más aún si tiene conocimientos en la gestión de conflictos, aportando una labor de facilitación y entendimiento entre las personas. Así mismo, entendemos que es un tipo de profesional que normalmente tiene un vínculo muy cercano con la persona sorda (o porque forme parte de una asociación de apoyo a la diversidad o porque se trate de un familiar). Por lo tanto, si bien tiene que estar presente, la labor de mediación ha de ser ejercida por una persona distinta que garantice la neutralidad e imparcialidad del proceso.

comunicación no verbal, facilitación

Importancia del mediador en mediación con sordos

En este contexto podemos encontrarnos situaciones en las que un conflicto entre un sordo y un oyente son más difíciles de resolver. Un mediador debe poner especial atención a la comunicación no verbal que se produce en la sala fomentando conversaciones sencillas que garantices la comprensión de la comunicación.

Otra de las dificultades que nos encontramos en este tipo de mediaciones es la de conseguir que cada una de las partes se ponga en el lugar del otro. Para esto es necesario que el mediador sepa captar cada detalle que expresa cada uno y reformularlo de forma que ambos puedan entender las necesidades e intereses del otro.

En este contexto, la relevancia del lenguaje no verbal (tanto corporal como facial) aumenta, como también la necesidad de emplear maneras de comunicación mucho más visuales (por ejemplo el uso de la pizarra o papelógrafo). Es importante prestar mucha atención a los gestos faciales que cada uno de nosotros mostramos a la hora de expresar nuestros sentimientos. Aquí os dejamos algunos ejemplos:

  • Ceño fruncido, músculos de la cara tensos: Nos expresan enfado, tristeza o miedo, dependiendo del matiz que se le de.
  • Músculos de la cara relajados, presencia de sonrisa: Significa que el mensaje es positivo. Expresa amor, alegría, amistad, etc.
  • Movimientos amplios y fluidos: Nos expresan alegría, amor, amistad o cualquier otro mensaje positivo.
  • Movimientos secos y cortos: Expresan miedo, tristeza, odio, etc.

Una de las cosas que muchos oyentes no saben es que una persona sorda quiere que se le hable directamente a él cuando se le quiere comunicar algo y no al interprete. Hablar directamente al intérprete hace que el sordo sienta que no se le está incluyendo en la conversación que está teniendo lugar, por lo tanto es muy beneficioso que el mediador establezca ese contacto visual directo entre las partes implicadas en el conflicto. Aunque participe un interprete profesional es importante que el mediador también sepa utilizar la lengua de signos por diferentes motivos.

Por un lado, para acompañar el mensaje que quiere transmitir a la persona sorda enriqueciendo la comunicación, por otro lado, cuando interactúe con el oyente podrá acompañar el lenguaje con gestos de forma que la persona sorda pueda seguir la conversación de un modo más directo y no perder ningún detalle. El apoyo del intérprete es fundamental para precisar aquellos puntos que se requiera una explicación más técnicas manteniendo la fluidez del diálogo.

 Nosotros como mediadores tenemos la responsabilidad de disponer de todas las herramientas que permitan un canal de comunicación fluido entre la gente que acuden a mediación. Que un mediador sepa utilizar la lengua de signos sería el escenario ideal pero desgraciadamente el numero de intérpretes en España es reducido y la posibilidad de que existan mediadores interpretes más pequeña todavía. Lo que sí que es importante es que un mediador conozca aquellos componentes que garantizan que personas sordas se sientan recogidas en el espacio de mediación. Algunas comunidades autónomas como Madrid y Andalucía han apostado por un aumento en la formación de los profesionales que se dedican a la interpretación de la lengua de signos, aprobando el cambio de la titulación de la formación profesional al grado universitario. Esperemos que esta apuesta también vaya en la línea de dar a los intérpretes formación en la gestión de los conflictos, de tal modo que puedan ofrecer un tipo de labor que vaya encaminada a acercar posiciones y a ayudar a la comunidad sorda y oyente a entenderse mejor.