12 Abr No hay comentarios ResMedia Sin categoría

justicia restaurativaLa mediación penal es aquella que se produce cuando la infracción es un delito recogido en el código penal. Hay por tanto un infractor y una víctima.

En los delitos es el Estado, por medio de los jueces, el que vela por conseguir que se proteja el interés público, y por tanto la mediación penal no puede ser una alternativa al proceso judicial, sino que actúa en paralelo a este, con algunas particularidades que intentaremos sintetizar en el presente artículo.

¿PARA QUE SIRVE LA MEDIACIÓN PENAL?

 En ausencia de un proceso dialogado de mediación  tenemos la Justicia Retributiva clásica: un proceso judicial que indaga sobre un caso concreto e intenta esclarecer los hechos, a fin de aplicar un castigo o dejar libre de cargos al presunto infractor. En este sentido a la víctima se la indemniza, empleando normalmente unos baremos reglados de precios, sin entrar a valorar en detalle las circunstancias del caso concreto, ni si es dinero lo que realmente necesita para superar su duelo y rehacer su vida. En gran parte de los delitos que recoge nuestro ordenamiento hay muchas secuelas que no reciben un tratamiento adecuado en un procedimiento judicial ordinario. La declaración de una víctima en un juicio se ciñe exclusivamente a lo que le pregunten, y a los hechos objeto del procedimiento, no a lo que necesite relatar, y esto genera en ella un alto grado de desconcierto. Además el juicio, y el modo en que éste confronta al agredido con el agresor, es un medio muy estresante y re victimizador.

 Por otro lado las penas de prisión para el infractor no resultan integradoras, y no le preparan para vivir de nuevo en sociedad, motivo por el cual es muy común la reincidencia en los ex convictos.

Además de los valores que tienen otro tipo de mediaciones, las mediaciones penales se rigen por el principio de oficialidad: es el juez, de oficio, el que decide derivar un caso a mediación, por considerar que reúne características que lo hacen idóneo para este escenario. En este sentido está prohibida específicamente en los casos de violencia de género, por considerarse que existe un desequilibrio insalvable entre ambas partes. Dado que la mediación penal está vinculada al proceso judicial, y dado que los temas objeto de mediación penal pueden ser delicados, los mediadores penales han de extremar las precauciones en algunos aspectos. Se trata de presuntas víctimas y presuntos agresores (recordemos que estamos en un procedimiento en paralelo al juicio), y por tanto los mediadores no pueden vulnerar el principio de presunción de inocencia, de modo que han de asegurarse de que en la redacción de un acuerdo no se constituya una prueba en contra del presunto agresor. Esto se consigue usando fórmulas más genéricas, que hablen de que las partes en conflicto han llegado a un acuerdo y el demandante se considera satisfecho en su pretensión.

Un proceso de mediación penal exitoso no sólo asiste de un modo más personalizado a la presunta víctima, ya que puede llegar a tener consecuencias en el propio juicio para el presunto agresor: el juez, si así lo considera, puede aplicar un atenuante por reparación del daño y reducir la pena al presunto agresor en caso de ser condenado (aunque una mediación exitosa extingue la responsabilidad civil, no puede hacer desaparecer por completo la responsabilidad penal).

Dedicaremos un artículo próximo a tratar la Justicia Restaurativa, una vía más de resolución de conflictos en el ámbito penal.