8 Mar No hay comentarios ResMedia Sin categoría

La mediación familiar es, quizás, la más característica y ejemplificadora de todas las mediaciones. Es aquel proceso en que se abordan los conflictos que se puedan desarrollar dentro de la convivencia de la familia. Es también el ámbito donde se puede explorar en mayor medida el vínculo, es decir, todo el pasado común, todas las emociones generadas y todas las interacciones del núcleo familiar.

En nuestro país la mediación familiar ocupa una posición central, y muchas de las asociaciones o fundaciones que llevan años dedicándose a la mediación escogieron este subtipo específico como el principal de su actividad. Esto ha hecho que prosperen muchos programas de mediación promovidos por instituciones públicas, y que sea una herramienta común en varios centros de Servicios Sociales en ciudades como Madrid o Barcelona, por citar dos ejemplos.

La Necesidad de Mediación Familiar

En las familias los conflictos son profundamente emocionales. Afectan de un modo tan intenso que en muchos casos no se tiene en cuenta la propuesta del otro, o el interés común. Esta tipología de conflictos en gran parte de los casos afecta a terceras personas cercanas en la relación familiar (afecta a padres en conflictos entre hermanos, a hijos en conflictos entre padres), lo que puede llegar a complicar el escenario de partida. Brindar un futuro favorable en el ámbito familiar es esencial, pues lo quieran o no los componentes de la familia, el vínculo se sigue manteniendo en el tiempo (por hijos en común, por administración de una empresa familiar etcétera).

Muchos de los asuntos familiares que llegan a la mesa de mediación no tienen contenido jurídico, es decir, no hay leyes específicas que los regulen, y no resulta efectiva la vía judicial para abordarlos de un modo adecuado. Pueden tener que ver con la asignación de tareas en la convivencia, las relaciones afectivas entre cada uno de los miembros, y aquello que aportan o dejan de hacerlo al patrimonio común.

Los padres discuten, y los niños sufren

Los padres discuten, y los niños sufren

Uno de los principales motivos por el que se ha querido impulsar la mediación familiar es por la relevancia que tiene en la búsqueda del interés de los hijos menores. Las discrepancias de los adultos pueden tener graves consecuencias en el desarrollo de los niños, y los momentos de crisis conyugal acarrean mucho sufrimiento a los pequeños. Judicializar aquellas desavenencias de la pareja supone además un estrés añadido para todos los implicados, y más en particular para los niños. La mediación, al ser una herramienta más ágil, no sólo aborda los conflictos desde una perspectiva más humanizada, sino que ayuda a darles salida de una manera más rápida, minimizando el impacto hacia los menores, y buscando la manera más adecuada para satisfacer sus necesidades.

El Acuerdo en Mediación Familiar

Es necesario un adecuado trato previo de las emociones por parte del mediador para conseguir llegar a un punto en que las partes que acuden a mediación familiar puedan entrar a valorar y decidir sobre cuestiones más concretas. Sólo entonces podrán hablar de asuntos relativos al día a día de la convivencia mutua, o el modo en que gestionar los bienes en común, o el tiempo que pasar con los hijos (entre otros). Al perdurar, como dijimos, la relación más allá que en cualquier otro ámbito que trabaje la mediación, la necesidad de acuerdos satisfactorios para todos y duraderos en el tiempo es una prioridad.

El convenio regulador

El acuerdo que verse sobre un divorcio con hijos menores, deberá tener un contenido mínimo para poder cumplir con los requisitos legales y ser homologado por el juez. Cuando el divorcio se produce de mutuo acuerdo se incluye junto con la demanda de divorcio un documento llamado convenio regulador en el que constan aquellos aspectos de obligada inclusión. Han de estar en él reflejados quien se queda con los niños, como se les va a mantener, quien realiza las visitas, como se va a gestionar la comunicación y a quien va a ser asignado el uso de la vivienda familiar. Es precisamente en la redacción del convenio regulador donde la mediación se presenta como una alternativa mucho más flexible, y detallada de cuanto lo pueda ser una sentencia judicial. Se pueden cuadrar horarios de visita mucho más ajustados a los horarios laborales de los padres, decidir con más precisión como se van a gestionar los periodos vacacionales, o un sinfín de otras particularidades. El límite lo pone sólo la imaginación de las partes.