1 Mar No hay comentarios ResMedia Sin categoría

La semana pasada empezamos a hablar de los métodos creativos de resolución de conflictos.

Esta vez vamos a tratar otros ejemplos de resolución alternativa de conflictos, quizás más reglados que los anteriores; cada uno de ellos dirigido por un profesional especializado.

Junto con la figura del mediador, existen también las del árbitro y el letrado conciliador, que llevan procesos de arbitraje y conciliación respectivamente. También en la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (A.R.R.M.I.) se da un tipo específico de conciliación.

Conciliación y Arbitraje

El arbitraje y la conciliación llevan regulados en nuestro país desde hace más tiempo que la mediación, y tienen características que los hacen idóneos para algunas circunstancias. Intentaremos esquematizar en los siguientes párrafos algunas de sus virtudes y desventajas.

Uno de los requisitos que tienen en común estos dos procesos es que, salvo en el caso del A.R.R.M.I., han de ser profesionales vinculados al ámbito del derecho quienes actúen.

El árbitro ha de ser un abogado en el ejercicio de la profesión, es decir, un licenciado en derecho o graduado con su respectivo máster, que esté además inscrito en el Colegio de Abogados. No obstante, se le puede dispensar de este requisito si las partes que acuden a un arbitraje así lo deciden de mutuo acuerdo. El letrado conciliador que se da en la conciliación laboral, ha de ser un licenciado o graduado que haya superado la correspondiente oposición. En el A.R.R.M.I. se permite que sean profesionales de más ámbitos, siempre que estén especializados en el trato con menores.

 

El arbitraje como método de resolución

El arbitraje se suele dar principalmente en el ámbito mercantil y empresarial. Dos partes, de mutuo acuerdo, escogen a un árbitro que se compromete, como el juez y el mediador, a ser imparcial. Los árbitros suelen tener conocimientos técnicos especializados en la materia objeto de arbitraje, y asumen un rol muy similar al de un juez. Finalizado el arbitraje (que por ley no puede durar más de 6 meses) el proceso concluye con un laudo arbitral redactado por el profesional, que tiene la misma validez que una sentencia firme de un juez y efectos de cosa juzgada (es decir, que no se puede volver a juzgar).

Solo cabe interponer recurso de revisión ante la decisión arbitral. El arbitraje es un proceso rápido y económico que garantiza por tanto un resultado, pero éste, a diferencia de cuanto sucede en la mediación, no será fruto de un diálogo y negociación entre los implicados: se tratará más bien de un proceso, parecido en este sentido a un juicio, en el cual las partes tienen que confrontarse y aportar medios de prueba que justifiquen su actuación o desacrediten la del contrario. El cumplimiento efectivo del laudo no está tampoco asegurado, pues quien está obligado a cumplir puede considerar que la decisión no ha sido justa. Tampoco se tratan temas que sólo podrían hablarse a través de un profundo y particularizado análisis de la situación, al que rara vez se llega fuera de un proceso de mediación (gestión de las emociones, identificación de los intereses reales de cada parte, etcétera).

 

La conciliación como método de resolución: la conciliación obligatoria

Cuando se habla de conciliación, muchas veces se hace referencia a la conciliación previa de obligado cumplimiento en el ámbito laboral. Un trabajador que quiera hacer una reclamación en relación a su contrato de trabajo (por un despido, una sanción disciplinaria, etcétera), antes de poder reclamarlo, ha de pasar por un proceso de conciliación administrativa obligatoria en el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (S.M.A.C.). El legislador, con esta medida, pretende garantizar que empresarios y trabajadores eviten de este modo la vía judicial y resuelvan sus conflictos de un modo pacífico, al obligarles previamente a acudir a un intento de conciliación. Al no ser un proceso voluntario, como sí que lo es en cambio la mediación, muchas veces se convierte en un trámite burocrático a realizar antes de poder enfrentarse en los tribunales, sin una mayor reflexión sobre la utilidad efectiva de esta herramienta.

 

La conciliación en el A.R.R.M.I.

El A.R.R.M.I. surge con el objetivo de brindar una protección extra a los menores, al ofrecerles la oportunidad de participar de un programa que permita disminuir las consecuencias judiciales de sus actos delictivos, y permitir una reinserción efectiva de estos chicos en la sociedad. Entre muchas de las herramientas de que se sirve el A.R.R.M.I. para hacer efectiva esta reinserción, la conciliación surge como un proceso para confrontar al menor con su agredido, en la búsqueda de una concienciación sobre el impacto de sus actos, una petición formal de disculpas, así como la búsqueda de una atenuante en la pena a través de la reparación del daño realizado. Se necesita por tanto que el profesional que participe de este proceso (muchas veces un mediador), indague sobre la sinceridad del arrepentimiento del menor y la voluntad efectiva de reparar el daño causado.

Dedicaremos en el futuro otro artículo a hablar de los sistemas mixtos de resolución de conflictos, algunos de los cuales combinan las ventajas del arbitraje con la mediación.